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Sin calidad en el timón, barco hundido

Es cierto que la gestión de pymes en estos momentos no está nada fácil y que algunos factores externos están presionando muchísimo y castigando los márgenes de los negocios, como la bajada del consumo actual (salvo ocio y viajes) así como la sensación de caminar peligrosamente hacia una sociedad española low-cost y otros factores nacionales e internacionales dibujan un panorama de gran incertidumbre, pero quizás poco a nada podamos hacer por los factores externos aunque estemos vigilantes.
Algunas injusticias como las cargas fiscales que pagamos desde el comercio o desde las pymes y lo poco y mucho menos que pagan en comparación algunas empresas digitales es motivo para seguir luchando, pero esto no quita que dejemos de responsabilizarnos de lo que sí podemos controlar que son todos esos factores internos.
Se confunden muchas cosas ahora, por ejemplo se habla de “Políticas de Precios” cuando se quiere decir que se están reventando los mismos y eso no es ninguna política de nada ni ninguna estrategia, reventar precios lo hace cualquiera, no requiere de conocimiento, sino de desesperación y de devaluar nuestro negocio y por lo tanto de devaluarnos a nosotros mismos como profesionales convirtiéndonos en unos mediocres.
Nada vamos a solucionar dejando sin rentabilidad nuestras empresas y al revés vamos a ir en contra de un excelente servicio a nuestros clientes, pues para esto necesitamos buenos profesionales y eso no puede ser barato.
Otro tema del que se habla con mucha ligereza es la “Experiencia del Cliente” pero la mayoría no hace nada por completarla o mejorarla sino que se sigue en la gestión del día a día como siempre sin facilitar más la interacción con nuestros clientes, que a veces parece que molestan en lugar de agradecer su presencia o sus consultas que reclaman puro asesoramiento, precisamente uno de los principales pilares de la experiencia de compra y una de las ventajas del comercio en comparación a los puros On-Line.
La Experiencia del cliente va de adaptación al máximo a sus nuevas demandas y no tiene porqué conllevar siempre grandes inversiones, sino más creatividad y más ventajas para él a través de una mayor eficiencia en nuestra cadena de valor.
Otro tema que se percibe ahora es la falta de Liderazgo de la Dirección para priorizar las verdaderas oportunidades de negocio a medio plazo en detrimento del cortísimo plazo, se impone el día a día y por un lado los empleados responsables de iniciar y llevar adelante los nuevos proyectos huyen de todo lo que suponga más trabajo (solo al arranque del nuevo proyecto) y sus jefes son incapaces de saber priorizar en sus estrategias los cambios y las novedades necesarias para mejorar esa experiencia del cliente y con ello sus resultados a medio plazo.
Otros hablan de “Transformación Digital” eliminando siempre la primera palabra y acaban haciendo algo que casi todo el mundo hace que es digitalizar la empresa pero así es imposible diferenciarse y acabamos teniendo un mercado donde los clientes ven que la mayoría de empresas ofrecen los mismos productos, los mismos servicios y las mismas atenciones y así es imposible ganar cuota de mercado.
Y no olvidemos que una dirección de empresa que no obliga y promueve una formación constante de sus plantillas es imposible que pueda mejorar la atención al cliente respecto a sus competidores, si queremos ser los mejores antes debemos preparar un buen nivel de formación interna. O nos ponemos radicales y vamos a por mejoras diferenciadas para nuestros clientes poniendo objetivos con fechas límites y responsables de llevar adelante los retos o vamos a seguir con la “Quejitis Aguditis” que tanto nos caracteriza.
Estamos en unos tiempos en los que las Direcciones de las Empresas que se dejen llevar por el ruido del día a día, con sus pequeños pero continuos problemas y debilidades y no se pongan a trabajar en la diferenciación a través de nuevos proyectos o retos que nunca hayan hecho antes, lo van a tener muy complicado.
Los comodones que quieren seguir con lo de siempre y ya conocido son ahora los mayores enemigos de sus propias empresas y ponen en peligro a sus plantillas por falta de firmeza ante la negación de nuevas oportunidades y nuevos retos.
Ni la suerte les librará de ser eliminados del mercado a estos, mientras que los dispuestos a implantar nuevas cosas y aumentar valor para sus clientes se harán con el mercado. La paradoja será que alguno del grupo de eliminados encima dirá que aquel valiente innovador que ha triunfado ha tenido suerte. Se puede ser más soberbio y cínico?
-Acérquese lo más posible a sus clientes. Tan cerca, de hecho, que pueda decirles lo que necesitan mucho antes de que ellos mismos se den cuenta.
-Ningún mar en calma hizo experto a un marinero.

José Carrasco
FERSAY ELECTRONICA,S.L.
Blog: www.josecarrascolopez.com

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¿Tenemos al equipo alineado o disperso?

Uno de los problemas más frecuentes hoy día con tanta información y tanto cambio tecnológico, social y económico en las pymes es lo que siempre hemos llamado perder el norte, o sea perder el foco en lo realmente importante.
No es fácil lidiar en el día a día con gran cantidad de tareas y responsabilidades sin perder la concentración y estar todos alineados en torno a objetivos comunes, valores comunes y una visión, misión y estrategia bien definida y clara.
El mercado da bandazos, nos hace confundir modas con tendencias y el nuevo entorno digital nos hace perder el centro y el equilibrio en algunas ocasiones.
A veces da la sensación de que el exceso de tecnología nos hace perder nuestro modelo de negocio y sin esto estamos perdidos ya que cualquier cosa que pensemos estará equivocada si olvidamos el concreto posicionamiento que queremos tener en el mercado.
Esto explica porqué muchos emprendedores jóvenes muy preparados tecnológicamente fracasan con su nueva empresa al no saber con precisión cuál es el modelo de negocio que tiene cabida en el mercado y en qué se diferencia del resto así como cuanto valor aporta realmente al cliente su propuesta de marketing.
No se puede perder la visión global del mercado y de nuestra empresa y debemos ser conscientes de que la vaca sagrada es la estrategia y no podemos dejarla de lado.
Quizás nos confunda el pensar que porque tengamos mucha actividad tenemos que haber conseguido grandes objetivos y en un equipo disperso no tiene porque ser así.
A veces sucede que todo parece importante pero luego a la hora de la verdad nada es tan esencial como parecía y nada contribuye tanto como pensábamos a los resultados a pesar de haber estado muy ocupados.
Por eso es conveniente recordar las cuestiones vitales que guían nuestra empresa como la Visión, Misión, Valores, Estrategia y Objetivos y repasarlos periódicamente con nuestro equipo y asegurarnos de que no hay dudas ni desviaciones por descuido.
Es fácil divagar pues nuestros pensamientos muchas veces corren más que nuestros serenos razonamientos.
Se necesita un entrenamiento constante y un plan de formación permanente que nos garantice tener al equipo alineado en torno a los objetivos y asegurarnos de que las fuerzas no se están dispersando demasiado o conseguiremos desmotivar a los nuestros ya que no hay nada tan desagradable como trabajar duro para descubrir que íbamos en la dirección equivocada.
Hay momentos especialmente delicados en las empresas que nos pueden hacer caer en la trampa de la dispersión como son cuando hay empleados nuevos (hasta su acoplamiento al equipo debemos hacer un seguimiento constante) o cuando queremos realizar cambios comerciales ante el cliente, cuando ponemos en práctica una innovación o cuando nos conviene un cambio de rumbo por haberse movido todas las fichas del mercado y no poder quedarnos paralizados.
Otra buena forma de intentar centrarnos como equipo es preguntarnos con cierta periodicidad que valor real estamos generando en el mercado y sobre todo si este es apreciado o valorado por los clientes.
También el hecho de estar descentrados tiene que ver con meternos en una rutina que solo nos lleva a la famosa zona de confort, es decir nos acomodamos a una serie de rutinas en el día a día que hacen que gestionemos nuestro negocio de forma totalmente inapropiada para la estrategia que diseñamos anteriormente. Y por desgracia en esta zona no se crece ni se evoluciona sino que nos vamos quedando estancados.
El estar distraídos o dispersos además tiene otras consecuencias negativas como son olvidarnos de cuáles son nuestras ventajas competitivas actuales que no serán las mismas que tiempo atrás pues esto es algo vivo, con movimiento propio que el mercado nos obliga a vivir como una gran constelación que es.
Me despido como siempre deseando mucha suerte a los distraídos porque la van a necesitar y muchos éxitos seguros a los que se preocupan de centrar su negocio centrando a su equipo con unas frases para nuestra reflexión:

-No se puede confundir la verdad con la opinión de la mayoría.
-Si un hombre no sabe a qué puerto navega, ningún viento le será favorable.
-El verdadero triunfo de las armas está en aquellas que no se disparan.
-Hacer la cosa correcta es más importante que hacer algo correctamente.
-La preocupación es como una mecedora, te mantiene ocupado pero no te lleva a ninguna parte.

José Carrasco
FERSAY ELECTRONICA,S.L.
Blog: www.josecarrascolopez.com